• Celebramos el 50º aniversario de Cafh en España

    El 11 de Septiembre de 1971 se fundó Cafh en España.

    50 años después estamos celebrando ese acontecimiento.

    Celebramos la siembra en ese momento de una nueva semilla de desenvolvimiento espiritual en el mundo.

    Celebramos el poder transformador de la vocación de desenvolvimiento espiritual que impulsa a dar lo mejor de uno mismo para colaborar en generar un bien para el mundo.

    Y celebramos la ayuda del método vital de Cafh que nos permite aprender a concretar en nuestra vida ese bien que queremos para todos.

    50 años son un soplo en la inmensidad de la vida.

    Cada segundo de ese soplo, de esos 50 años, es una dimensión de eternidad. Eternidad concretada en nombres y apellidos, alegrías y tristezas, espacios abiertos y otros limitados.

    Cada segundo de esos 50 años es vida concreta y real, testimonio e inspiración del bien del desenvolvimiento de nuestro estado de conciencia y de su aprendizaje.

    Una tarea así no termina nunca. Atrevámonos a seguir desenvolviéndola.

    Os presentamos lo ocurrido en esta celebración:

    la mesa redonda del 10 de Septiembre 2021, “Mística del siglo XXI“

    y los actos del 11 de Septiembre.

    Esperamos que os gusten.

  • Fiesta del 50º aniversario de Cafh España

    Aquí puedes ver el vídeo completo (120 mn.)

    O un extracto de la celebración. (29 mn.)

    Puedes acceder a los siguientes fragmentos más relevantes:

    También puedes ver la mesa redonda sobre la “Mística en el s. XXI”.

  • La mística en el s. XXI. Mesa redonda

    La mesa redonda sobre la mística en el s. XXI tuvo lugar en Madrid el 10 de septiembre de 2021 con la participación de los siguentes ponentes:

    1. Javier Ruiz Calderón: Dr. en Filosofía, experto en yoga y vedanta
    2. Fernando Díez: indólogo, músico, ensayista
    3. Fernando Bernal: Dr. en Medicina, director de Cafh España

     Puedes acceder al vídeo completo aquí.


    A continuación, te presentamos algunas de las ideas más sugerentes que expusieron los ponentes.

    Javier Ruiz

    Sobre la espiritualidad.

     

    La espiritualidad es la apertura personal a lo divino. Si uno se vincula a Ello resulta salvado, liberado, su vida se vuelve plena. Si nos abrimos al Infinito, eso nos diviniza a nosotros también.

    (…)

    La espiritualidad supone, a través de la gradual apertura a lo divino, la apertura del corazón a todos los seres.

    (…)

    No solo es que lo divino esté presente en todas las cosas, sino que todas las cosas son divinas: cada persona, cada planta, cada nube…

    (…)

    No soy yo, sino lo divino quien guía mi manera de pensar, de sentir y de actuar. Uno está poseído por la divinidad.

    (…)

     

    Sobre la mística.

     

    La mística es la plena experiencia directa de lo divino. En el s. XXI, la mística tiene que estar a la altura de los tiempos y presentar las siguientes características:

    1. Asumir la igualdad de derechos de todos los seres humanos.

    2. Ser compatible con la racionalidad científica.

    3. Ha de buscar la comunión, no solo con lo divino, sino con toda la creación. No debe ser una evasión en la que la persona se mete dentro de sí mismo y se aísla del resto del mundo. Debe ser una mística comprometida con el bien común social y políticamente.

    4. Tiene que ser pluralista y no exclusivista como han sido tradicionalmente las religiones que se consideraban la única verdadera.

     

    El bien común.

     

    Lo mejor que podemos hacer por el bien común es la búsqueda de la santidad, de la sabiduría. Ya decía Spinoza que lo más útil para la humanidad es una persona sabia. Lo mejor que podemos hacer por la humanidad es practicar la oración, la meditación, abrirnos a lo Absoluto. Y lo mejor que podemos hacer para unirnos a lo divino es servir a los demás.

    (…)

    La contemplación y el servicio a los demás se complementan: son dos aspectos inseparables de la espiritualidad y la mística.

     

    Lo divino.

     

    En la tradición hindú (Yoga, Vedanta) con la que me identifico, hay distintas concepciones de lo divino: masculino (Shiva, Vishnu), femenino (Madre Divina), lo Absoluto Impersonal que está más allá de las dualidades y en lo que uno puede meditar hasta sentir su presencia en todas las cosas.

    (…)

    En este camino se conjugan estas dos visiones de lo divino: personal y Absoluto; pero sobre todo esta: “todo es ser, conciencia, felicidad”. Yo soy Brahman, yo soy lo Absoluto. Lo Absoluto se hace presente en cada uno de nosotros. Cuando uno siente que todos somos uno, una única realidad, de ahí surge la empatía, la compasión, el amor y el servicio a los demás.

     

    Fernando Díez.

     

    Sobre los místicos.

     

    El místico es un heterodoxo que tiende al aislamiento. Aunque la religiosidad sea una de las puertas de entrada a la mística, tampoco se define por ello.

    (…)

    … El místico no busca la felicidad ni la armonía, ni cosas así. El místico busca encontrarse con Dios, cara a cara, sin intermediarios, y por eso probablemente se convierta en el ser más ambicioso. Es capaz de renunciar todo: familia, placeres sensuales, fama, dinero, por el logro de su finalidad

    (…)

    … ¿Para qué sirven los místicos? Los místicos son un foco de luz en su entorno, de consuelo, de ejemplo; y en segundo lugar, así como los físicos son los investigadores de la materia, los filósofos místicos son los investigadores de lo transcendental, de ese espacio suprasensible que existe entre el yo consciente y la transcendencia.

     

    Sobre la mística

     

    Cuando el místico va superando la individualidad y desapegándose de los sentidos, en su ascenso se encuentra con las categorías divinas: la unidad de la existencia, la plenitud de la consciencia y el goce de la bienaventuranza.

    (…)

     

    El mal es pura ignorancia. Quien lo hace es que no sabe. Ya lo dijo Sócrates.

    (…)

     

    El místico, una vez realizado, en un proceso que puede durar unos siete años, generalmente vuelva a la sociedad, y se dedica a la docencia, al arte.

    (…)

     

    La experiencia mística es un desposorio (un ascenso de kundalini que va a reunirse con su amado en la consciencia) Por eso la poesía mística está llena de palabras de amor, de erotismo.

     

    Fernando Bernal.

     

    Sobre la mística del corazón.

     

    Para descubrir la mística, necesitamos ir más allá de nuestras creencias y expectativas sobre ella. Y vivirla plenamente.

    (…)

    La mística nos abre un campo de posibilidades en nuestras vidas que desconocemos. No construye otro mundo diferente al de todos los días. No construye un mundo aparte de nuestra realidad cotidiana. La mística cambia la propia vida. Hace que uno cambie. Y de esa manera, hace que todo cambie sin que nada exterior de lo cotidiano, cambie.

    (…)

    El proceso místico, nos enseña a descubrir la realidad de nuestra vida cotidiana, a verla como es, más allá de nuestras creencias, visiones y opiniones que tenemos de ella. Y nos enseña a ser esa realidad. A ser lo que es. Ser esa realidad no es ser el que la mira y la descubre y la piensa y la siente. Es ser el que la vive y forma parte de ella. Y desaparece en ella.

    (…)

    Al relacionarnos de manera abierta y humilde con lo divino, con ese campo de realidad desconocida, nos abrimos a una realidad más amplia que la de nuestro mundo personal. Ese campo de lo divino, de Dios, no está en mundos imaginarios o en fantasías que creamos en nuestra mente. No está en experiencias que podamos tener en momentos especiales o de plenitud de nuestras vidas. Está en lo cotidiano. En nuestra vida cotidiana. En lo que vivimos instante tras instante. Y en cómo lo vivimos.

    (…)

    En Cafh buscamos realizar la mística del corazón. Lo que llamamos Mística del Corazón es el proceso de unión con Dios a través de un estado de participación con lo que nos rodea. Ese proceso nos une de manera real y evidente con la realidad de la que formamos parte. Ese proceso progresivo de unión con Dios en lo cotidiano por participación, es posible a través de nuestro desenvolvimiento espiritual. El desenvolvimiento espiritual implica para nosotros, el desenvolvimiento de nuestro estado de conciencia.

     

    Desenvolvimiento espiritual, ampliación de la conciencia.

    En el contexto de la Enseñanza de Cafh, el desenvolvimiento espiritual expresa el progreso armónico y evidente en: nuestra relación con la vida, el mundo y lo divino; nuestra capacidad de aprender y aplicar fructíferamente lo que aprendemos.

    De esa manera, podemos avanzar en comprendernos a nosotros mismos, entender nuestra posición en el universo, lograr paz y adelanto en la sociedad.

    (…)

    A través del desenvolvimiento de nuestro estado de conciencia podemos descubrir quiénes somos, descubrir lo que es. Y serlo. Generando con nuestra vida, en la vida, el bien que anhelamos para todos. La vida espiritual es un trabajo deliberado sobre nosotros mismos y sobre nuestro estado de conciencia para que el proceso de su expansión no se detenga en nuestra vida. La Mística del Corazón nos une a lo que nos rodea, participando de esa realidad, siendo esa realidad. En nuestra vida cotidiana.

    (…)

    El desenvolvimiento de nuestro estado de conciencia nos mueve más allá de nuestro mundo personal. Ir más allá implica levantar la mirada progresivamente e ir incorporando en uno cada vez mayor realidad descubriendo un mundo cada vez más amplio en el que uno está inmerso , que antes no existía. El desenvolvimiento de nuestra conciencia nos enseña a ver lo que antes no veíamos, descubrir lo que no sabíamos, incluir lo que reachazábamos por ignorancia. Desde esa nueva visión, podemos ayudar mejor. Cuanto mejor vemos, mejor sabemos y mejor podemos ayudar y servir. Al ampliar nuestra visión, podemos encontrar alternativas y mejoras donde antes solo había oscuridad y situaciones irresolubles.

    (…)

    Formamos parte de una realidad viva que desconocemos. Una realidad que forma parte de nosotros y nosotros de ella. Una realidad concreta e infinita presente en cada instante de este instante de lo cotidiano. Aquí, ahora, está todo lo que somos.

    (…)

    Están nuestros desafíos, todo lo que sabemos y lo que no sabemos. Están nuestras preguntas y las respuestas que necesitamos dar. Está la belleza de la vida y lo que la forma. Están las Enseñanzas que nos enseñan y necesitamos descubrir. Está la acción concreta de servicio que necesitamos dar. Y están los seres humanos. Y los que no son humanos. Está Dios. Y está lo que es. La Mística del Corazón nos une de manera concreta y efectiva a cada ser humano, a cada ser de esta hermosa Vida. Nos une a Dios, desapareciendo personalmente en esa dimensión. Dejando que Dios, la DM, sea. Solo.

    También puedes ver el

     vídeo de la celebración del 50º aniversario.

  • Aprendiendo de la pandemia

    La Directora de Cafh nos interpela acerca de la pandemia y cómo nos impacta a nivel individual y colectivo:
    Cómo nos afecta la pandemia a nivel global y qué podemos aprender espiritualmente a partir de esta experiencia tan inédita en la humanidad? La pandemia nos ha colocado en una forma inapelable, frente a nuestra condición humana; frente a la incertidumbre; frente la presencia de la muerte; y también frente a nuestra interdependencia como seres humanos, que podría decir nuestra interdependencia esencial. Y esta condición no sucede ahora porque estamos en una pandemia, siempre es así. Es decir, la pandemia tal vez lo que ha hecho es poner delante de nuestra conciencia, de manera inapelable, esta condición de que estamos siempre frente al insondable desconocido.

  • Misión Anual 2020 (2): escuchar con el corazón

    La Misión Anual 2020 nos invita a hacer de la escucha activa una práctica diaria y a escuchar con el corazón cada vez que se nos brinde una oportunidad.
    La escucha con el corazón nace de la confianza en que el encuentro entre dos personas puede ser muy enriquecedor. No es simplemente un intercambio de información que resulta útil para los intereses de uno y otro, sino que estimula la creación de un vínculo entre ambos a partir del cual a uno le importa el otro. Cuando concedo importancia a alguien, se realza el valor de su persona, empieza a ocupar en mí un espacio que antes no tenía, aprendo a ver a través de sus ojos, y resuenan en mi corazón las mismas vibraciones que laten en el suyo.


    En un encuentro como ese, tan genuino, me puedo ver afectado emocionalmente cuando me abro a escuchar; pero no tengo miedo cuando escucho con el corazón: una expresión de alegría se me contagia, una expresión de tristeza me conmueve, la rabia que me expresa quien me habla me alerta contra la ira que hay en mí, y el odio que le avergüenza me interpela sobre los límites de mi tolerancia. Al reconocer en mí sus emociones, ya no son solo suyas; sus sentimientos no son ajenos a mí; por eso, en lugar del miedo por lo que nos encontramos, generamos confianza y hasta una cierta complicidad porque nos sentimos ambos reos de unas pulsiones que tanto él como yo tenemos.


    Cuando escucho con el corazón los pensamientos de otra persona también concedo importancia y valor a su punto de vista; si son distintos de los míos, en lugar de rechazarlos, los valido, les concedo un lugar propio, y aprecio que son fruto de una perspectiva singular que puede aportar luz para comprender un problema. Si son similares a los míos, no me conformo con la aprobación mutua, sino que confío en que a través del diálogo se pueden abrir nuevos significados que nos permitan ir más allá de lo que creemos cierto.


    La escucha de corazón pone en juego la totalidad de la persona: sentimientos, pensamientos, actitudes. Dos torrentes de vida entran en contacto y suman su caudal; en esa relación no tiene sentido el cálculo de beneficios, no hay lugar para querer prevalecer por encima del otro, y los juegos de poder se disuelven porque no es importante tener razón o llevar el control. Lo relevante en la escucha de corazón es ser partícipes, sentirse compañeros, abrazar la ocasión de un encuentro para darse la oportunidad de un descubrimiento.


    Dos personas que se expresan y escuchan con el corazón se relacionan como si fuera la primera vez, con la espontaneidad de quien sabe que se puede encontrar sorpresas, y con la autenticidad de quien no tiene nada que ocultar. No se hacen trampas con las expectativas, y  suspenden los juicios previos que cada uno pueda tener, porque siempre son engañosos. Tanto las expectativas, que nos hacen fijar la mirada en el futuro, como los prejuicios, que tienen su raíz en el pasado, nos impiden mantener la atención en el presente, que es el escenario en el que se desvela la realidad más auténtica de dos personas que quieren poner en práctica la escucha con el corazón.


    La Misión de 2020 nos invita a escuchar con el corazón cada vez que se nos brinde la oportunidad. Sin duda, aceptar este reto nos pone en sintonía con quienes nos rodean y con nosotros mismos, y nos abre las puertas a una relación más armónica con el medio en que nos relacionamos.

  • Aprender a escuchar

    Un discípulo, antes de ser reconocido como tal por su maestro, fue enviado a la montaña para aprender a escuchar la naturaleza.
    Al cabo de un tiempo, volvió para dar cuenta al maestro de lo que había percibido.
    -He oído el piar de los pájaros, el aullido del perro, el ruido de relámpago…
    -No -le dijo el maestro-, vuelve otra vez a la montaña. Aún no estas preparado.
    Por segunda vez dio cuenta al maestro de lo que había percibido.
    -He oído el ruido de las hojas al ser mecidas por el viento, el cantar del agua en el río, el lamento de una cría sola en el nido.
    -No -le dijo de nuevo el maestro-. Aún no. Vuelve de nuevo a la naturaleza y escúchala.
    Por fin, un día…
    -He oído el bullir de la vida que irradiaba del sol, el quejido de las hojas al ser holladas, el latido de la savia que ascendía por el tallo, el temblor de los pétalos al abrirse acariciado por la luz.
    -Ahora sí. Ven, porque has escuchado lo que no se oye.

  • Misión Anual 2020: Desarrollar la escucha activa.

    Compartir un objetivo común con un grupo de personas, ya sean afines o desconocidas, es una experiencia muy estimulante y tiene un componente cautivador, porque nos hace sentir cómplices en una meta que está más allá de nosotros mismos. Si además ese objetivo pretende un cambio, aunque sea  pequeño, hace resonar en nuestro interior la confianza en que todavía es posible levantar la cabeza por encima de unas circunstancias que no siempre son favorables. Sentimos que nuestra fuerza se multiplica y que no es solo nuestra; y sobre todo sentimos que no estamos solos.

    La Misión Anual ejerce sobre los miembros de Cafh efectos similares, y la abrazamos convencidos de que tiene sentido aunar esfuerzos en una misma dirección. Sobre todo, cuando esa dirección compartida apunta al bien común. En 2020 la Misión nos anima a hacer “un aporte concreto desarrollando plenamente la habilidad de la escucha activa”. Una primera aproximación a este planteamiento nos desvela que están ahí contenidos algunos de los vectores básicos que inspiran a los compañeros de Cafh como camino espiritual:


    “Hacer un aporte concreto” nos sugiere superar idealizaciones que pueden mantenernos alejados de una realidad que lo que nos pide es actuar aquí y ahora. Casi siempre es más fácil fantasear sobre cómo deberían ser las cosas que dar un pequeño paso para mejorar el sitio en el que nos encontramos. Sin embargo, un paso detrás de otro, una y otra vez, nos aproximan al lugar deseado. Repetir con mucha frecuencia que es importante escuchar a quien está contigo nos puede hacer creer que realmente escuchamos; pero solo cuando dedicamos un tiempo concreto en un espacio determinado a escuchar activamente a otra persona podemos decir que estamos de hecho escuchando. La oportunidad de la escucha no ha de diluirse en el “ya nos veremos y hablamos”, sino que puede manifestarse en el “ya que estamos aquí, hablemos, si te parece”.

    “Desarrollar plenamente una habilidad” nos incita a poner el foco en nuestras propias posibilidades, y a comprometernos en ser nosotros mismos quienes propiciemos la rara práctica de la escucha activa. En lugar de quejarnos por el hecho de  que “la gente no escucha”, aprendamos a escuchar. En lugar de criticar a quien no escucha, dispongámonos a entender qué hay en él que se lo pone tan difícil, y reconozcamos que también en nosotros se da ese mismo obstáculo. En lugar de desistir porque no es una práctica habitual en nuestro entorno, confiemos en nuestras posibilidades y cultivemos el don de la escucha activa.

    La escucha activa puede ser una insignia propia de quien está entusiasmado con su desenvolvimiento espiritual, porque nos vincula íntimamente con nuestro entorno más próximo y nos ayuda a centrar la atención en las personas en el momento presente. A través de la escucha activa nos des-centramos: abandonamos la ensoñación infantil de ser el centro del universo para reconocer que solo crecemos cuando damos al otro espacio y lo incluimos en nuestra vida.

    Escuchar activamente no es solo recibir información; es dar la oportunidad de expresarse. No es solo prestar oídos; es lanzar un puente entre dos almas. No es una técnica para el éxito comercial o profesional; es un actitud para la participación y la inclusión de las personas: para la expansión de la conciencia. 

    En cualquier caso, la escucha activa siempre es una buena práctica para la vida cotidiana.